En el país de la magia: la literatura

Enya me cautivó cuando la escuchaba hace años,  y ahora al bucear en youtube, en busca de música, la he redescubierto. Y esta canción viene a cuento porque últimamente la magia como tema, como función de la literatura, como parte vital del mundo de los libros me viene y me va, me  aparece y  me desaparece, y he querido buscar en mis lecturas para ver cómo he traído hasta aquí esta idea. Yo fui una niña muy “introvertida” y ya sabéis que esto nunca ha estado de moda, pero  los libros me ayudaron a abrirme al mundo. También a idealizarlo porque mi mundo sólo era reconocido por mí, creé otro “mundo paralelo” que me alejaba del sensible, del físico, del temido “real”. Platón era mi filósofo favorito.

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Cuando hace años leí la primera novela de J.K.Rowling: HARRY POTTER Y LA PIEDRA FILOSOFAL, volví a mi niña interior, volví a perderme en las letras como si fueran juguetes misteriosos, perdí la noción del tiempo y me dejé cautivar por este niño, luego joven, que CREE EN SI MISMO Y EN LA MAGIA. La forma de narrar de esta británica me fascina: incluso en sus novelas para adultos hay un sólido montaje detrás, una estructura perfecta, cuasi perfecta, y una argumentación convincente que te hace “tocar” los personajes y sus vivencias con cercanía vital.

¿Por qué os hablo de Harry Potter? porque estamos hablando de la magia. La magia de ser uno mismo a pesar del destino. Harry lo lleva escrito en su frente:lo que hicieron y vivieron sus padres, su forma de morir y de luchar la herederá él. Volvemos a los ancestros.  Este tema en la literatura es amplísimo, da para una tesis maravillosa pero este no es el espacio para ello. La literatura es también una puerta a la magia, creamos o no en ella, las palabras hacen magia si se posee la varita adecuada. J.K.Rowling posee esa varita y no la ha comprado en Amazon. Leyendo su pequeño discurso: VIVIR BIEN LA VIDA, del que os comenté en una entrada anterior (Libros de feria, publicada el 8 de mayo), comprendo su poder de convicción y su creencia en Harry porque como ella misma explica, proviene del fracaso.  Este huérfano que repele a los dementores y lucha contra el mal personificado en Voldemort es el niño que llevamos dentro y que permanece al frente de todos nuestros actos y pensamientos.  Harry es el protagonista de un cuento infantil y ya sabemos que el poder de la literatura infantil es para siempre. Porque está escrita.

El poder de la palabra es inmenso, y si no, hablemos con algún experto en PNL(Programación Neurolingüística). O asistamos a alguna sesión de cuentacuentos. O leamos. Impresa la palabra aún resuena más.

No es posible treparse de nuevo a la vida, ese irrepetible viaje en diligencia, una vez llegada a su fin, pero si se tiene un libro en la mano, por complicado y difícil de entender que sea, cuando se termina de leer, se puede, si se quiere, volver al principio, leerlo de nuevo y entender así que es lo difícil y, al mismo tiempo, entender también la vida.

Orphan Pamuk, El castillo blanco.

 

Autor: Josefa Vergara Sánchez

Lectora ávida e incansable, más tranquila en este momento. Rodeada de libros en el trabajo y en la cabeza.

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