La vida: los libros y los hijos

Reza el título de mi entrada: LA VIDA: LOS LIBROS Y LOS HIJOS. 

¿Por ese orden? Hace dos años mi vida era como un puzzle desordenado. Algunas piezas, de hecho, se perdieron en el fondo de un cajón, otras en el trastero. Algunas las creí perdidas para siempre. No las encontraba. Como esos libros que has leído y crees haber dejado a mano pero luego, en ese preciso instante en que  quieres hojearlo, no aparecen.

Después de mucho buscar he localizado esas piezas y he vuelto a empezar el puzzle. Y a escribir. Este blog nació también de ese encuentro. Los libros siempre me han «devuelto»  a mi sitio por eso recurro a ellos. Mis estantes rebosan pero es que debo comprar más librerías. Nunca se tienen bastantes libros, pero también es cierto que a la larga, sólo algunos son los suficientes.

Hace tiempo leí dos historias sobre la maternidad que me parecieron muy reveladores: uno era El bebé, de Marie Darrieussecq, publicado en Editorial Anagrama el año 2004, el mismo año que nació mi hija mayor. La novela narra la vida de un bebé y su impacto sobre la mujer, la madre. Todo ese vuelco que da tu mundo cuando ese ser diminuto irrumpe en la vida se plasma aquí. La madre intenta escribir, vivir, y a ratos lo consigue:

Es una experiencia repetitiva y deslavazada, y cuando el bebé duerme la vida vuelve a empezar, pero cuando está despierto su vida es la que manda.

¿Por qué es así? le doy vueltas a la idea y me cercioro de que es así realmente. Pero no vengo a denostar la figura materna, yo soy una de ellas y lo he pasado mal. Simple y llanamente.

Ahora revivo de nuevo.

El otro libro, Sin nietos, de Marta Aguilar, lo publicó la editorial Plataforma en el año 2008, y yo lo leí en julio de ese año. Ya tenía a mi segundo hijo. La parejita. El subtítulo de este libro es «Historia de una maternidad perdida». La protagonista nos desvela:

No me puedo quejar. Me he equivocado mucho, con frecuencia he sido torpe y he conseguido equivocarme varias veces en el mismo terreno….Y sin embargo, me quejo.

Me quejo porque a pesar de todo lo que tengo, nunca podré tener nietos. Hice todo cuanto estuvo a mi alcance para tener mis propios hijos y no me fue posible. Me quejo, aunque más que la historia de una queja, este libro será la historia de mi dolor, de un dolor que no cesa y que no puede rellenarse con nada.

Desde la perspectiva de su madurez de 60 años, ve su vida sin hijos, y por tanto sin nietos, y nos la cuenta.

Antes de ser madre, yo tenía un hueco que no se llenaba nunca y ni siquiera en ese instante la literatura me sirvió plenamente. Utilizé otras distracciones, otras ayudas como los puzzles que  sirven para entretener, para potenciar tu atención, para ayudarte a concentrarte, y ¿los hijos? Los hijos te ponen a prueba cada minuto y estas dos novelas me enseñaron mucho sobre ello, sin yo sospecharlo. Una habla de la presencia, la otra de la carencia, más que de la ausencia de los hijos.

Ha sido ahora, al estar sin ellos, cuando el hueco se ha volcado totalmente y he podido ir llenándolo, poco a poco, aunque  creo que nunca lo hará del todo. Mi hueco no lo cubre un hijo, lo llena la vida, y si en ellos hay «bebés» bien, si hay libros, bien, si hay amor, genial, si hay amigos, aún mejor, por eso la vida está repleta de muchas cosas.

El orden de mi blog va a días. Hoy? hoy eran mis hijos.

Feliz noche.

 

Autor: Josefa Vergara Sánchez

Lectora ávida e incansable, más tranquila en este momento. Rodeada de libros en el trabajo y en la cabeza.

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