El lector en verano

El verano avanza sin pausas. Los días se suceden sin sorpresas. Las palabras que resuenan ahora mismo son «vacaciones»«rebrotes»«relecturas», «calor» «medidas». ¿Y qué tendrá que ver esto con la lectura? , me pregunto yo. Tengo la mesilla de noche desbordada de libros y no avanzo. Me sumerjo en un letargo de siesta y desgana. Para mí es un suplicio no tener ganas de leer.

Las vacaciones en mi vida han sido para dejar de trabajar, o son el momento de encontrar otras personas lectoras que sí están de vacaciones, y esta es mi forma de viajar: leyendo y hablando. No pierdo la esperanza de que en algún momento cambie esta ecuación y entonces mi felicidad lectora se transformará en felicidad vivida. Recuerdo que leí que la forma en que nuestro cerebro procesa el mundo exterior, ayuda a conseguir la felicidad. O al menos, a digerirla.  Mi actual lectura: EL PAIS DEL MIEDO, de Isaac Rosa, me lo está demostrando. Cada cual con sus pensamientos conforma el mundo que vive. Luego el mundo te da la otra cara. Las elucubraciones del personaje principal nos conducen a una revisión  de los  miedos y las ataduras mentales que no sé cómo acabará. Es una novela agobiante. Real como la vida misma.

Hay que leer por supuesto  libros optimistas que nos enseñen a pensar, pienso. Y en agosto, conviene equiparse de ellos. Hay que combatir los rebrotes con prudencia y sin agotarnos. La salud mental empieza por un buen libro de cabecera: SENTIRSE BIEN, de David D. Burns es un buen principio. Este libro toca el tema de la depresión de forma práctica y ágil. A mí me está sentado bien, de hecho cuando recaigo en una actitud triste, lo vuelvo a sacar porque es bastante largo.

Y queda una opción muy buena que escasea: los  libros divertidos;  mi último descubrimiento se titula SE ATORMENTA UNA VECINA, de David Reinoso, una novela policíaca y de enredo para el divertimento de las tardes soleadas y agobiantes.

Y hay que releer, si no encontráis ningún libro que os atraiga de los que hay en el escaparate y/o las listas de recomendados, volvemos la vista a nuestra librería, a nuestros estantes  y a releer. O dejaros aconsejar por algún amigo/a que sea lector y haced memoria con él o con ella: seguro que salta algún título que teníais olvidado. Quizás te asombres del resultado, porque no somos los mismos de la primera lectura y la que hagamos ahora, en este cierto instante. Al releer analizamos como si fuera nuevo el texto. Profundizamos en él como cirujanos ávidos de bisturí. Lo reinterpretamos. Nos reiteramos en un proceso que puede cambiar el resultado. ¿No os ha pasado que algunos libros no han aguantado esa segunda mirada?

Las palabras que nos susurraron en aquel momento inicial se han disipado, aunque permanezcan impresas.

Toca arriesgarse y probar géneros nuevos. Descubrir autores de otros países como Zadie Smith o Hannah Kent o Clarice Lispector, Yoko Ogawa,  O si te da pereza, mejor buscar a los clásicos: la mitología griega o la nórdica nos desvelan las vicisitudes de los dioses, los Episodios Nacionales de Galdós, nos permiten empaparnos de historia, y con  las Brontë, nos imbuimos de sus paisajes ariscos y sus pasiones atormentadas. Cabe refrescarse.

¿Qué libro releeríais y aconsejaríais a los demás? Ojo, según a quien. No es tan fácil recomendar un libro así de primeras. Hay personas que devoran libros y otras que seleccionan mucho sus lecturas. Yo me enfrascaré próximamente en EL INFINITO EN UN JUNDO, de Irene Vallejo y espero hacer el agosto así, disfrutando con la historia de cómo nacieron los libros y nos definieron como humanos.

 

Acerca de Josefa Vergara Sánchez

Lectora ávida e incansable, más tranquila en este momento. Rodeada de libros en el trabajo y en la cabeza.
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