La canción de Leila

Acabo de finalizar  esta novela que me ha dejado traspuesta : CANCIÓN DULCE. Una novela que habla de alguien que ya  no tiene  un lugar adonde ir, en palabras de Dostoyevski. Autor que cita  la propia escritora en la primera página del libro. Una persona que no puede vivir su propia vida, y vuelve la autora a mencionar a otro clásico, Kipling en su página inicial. Toda una declaración de intenciones.

Su autora es Leila Slimani, nacida en Rabat en 1981, de padre marroquí y madre franco-argelina. Estudió  en el liceo francés de Rabat,  y se marchó a París para matricularse en el Instituto de Estudios Políticos y, posteriormente, en la Escuela Superior de Comercio donde se especializó en medios de comunicación. Después de ejercer varios años como periodista en «L’Express» y «Jeune Afrique», decidió dedicarse por completo a la literatura. Con su primera novela, «Dans le jardin de l’ogre» (2014), donde aborda la adicción sexual femenina, recibe el reconocimiento unánime de la crítica. «Canción dulce«, su segunda novela, consolida la carrera literaria de Slimani al obtener el Premio Goncourt 2016. En 2017 se edita en Francia su comprometido ensayo Sexo y mentiras.  (Ésta es la información que nos proporciona la ficha de la autora en su editorial española: Cabaret Voltaire).

El último  título publicado de esta autora es: EL PAIS DE LOS OTROS y la novela que ha acaparado durante dos dias y medio, casi tres, toda mi atención es  CANCIÓN DULCE. 

La historia de esta niñera, que no sabe ser madre, si no es de los hijos de otros, es apabullante.  No me esperaba esta historia, ni el desenlace. Un drama psicológico, que te hace abominar de esos personajes anodinos en que a veces se convierten las personas. La autora relata en 277 páginas como se desintegra una familia que no era ni feliz ni desgraciada. Con un lenguaje sencillo y cercano, la traducción es realmente valiosa, nos narra el encuentro de una pareja con dos hijos y la persona que cuidará no sólo  de esos niños sino de los adultos, que se volverá imprescindible y al mismo tiempo, empachosa.

Así lo dice el protagonista, Paul:

Con su físico de muñeca, su cara de mosquita muerta, lo irrita, le pone nervioso. «Es tan perfecta, tan delicada, que en ocasiones siento una especie de empacho», le confesó un día a Myriam.

 

La autora crea una tensión constante y te hace presentir que algo sucederá y no puede ser bueno. Para nadie, ni siquiera para los que la leemos. Así es: la niñez confiada es brutalmente violentada por una mujer, aparentemente frágil y delicada. Una mujer que ha ocultado su pasado porque sólo vive en el presente, el de los demás. No es una mujer sin identidad, Louise, que así se llama, pero sí carece de entidad como persona. Un trastorno mental, un pasado sin futuro, un trabajo que la supedita a las necesidades de los demás, una vida carente de sentido.

Decir más es no leer la novela, y hay que leerla. Tremenda la descripción del mundo de los adultos, la visión de Louise:

Nos sentimos en soledad estando con niños. A ellos les da igual los contornos de nuestro mundo. Intuyen su dureza, su negrura, pero no quieren enterarse. Louise habla con ellos y ellos giran la cabeza. Les coge de la mano, se pone a su altura pero ya están mirando para otro lado.

Sin duda, será una autora a seguir y conocer.

 

Acerca de Josefa Vergara Sánchez

Lectora ávida e incansable, más tranquila en este momento. Rodeada de libros en el trabajo y en la cabeza.
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