Primavera, lecturas, pensamientos inquietos

Esta primavera está resultando un reto para mí, estoy leyendo mucho. Recupero así una pasión que me tenía embelesada: la lectura sin trabas.

Esta tarde, calurosa, nublada e incierta, he pasado por la biblioteca y he salido con dos libros: Las sombras de Quirke, de Benjamin Black, en editorial Alfaguara, de género negro, y El mes más cruel, de Pilar Adón, en editorial Impedimenta, de cuentos cortos. No conocía a esta autora, pero la introducción es de Marta Sanz, una autora contemporánea que me atrae mucho y de la que he leído poco.

Marta Sanz titula la introducción así:

Leer nos hace débiles.

Y me quedo sorprendida y analizando esta frase. El texto hay que leerlo y luego leer los relatos de Pilar Adón, porque si no, no tendría sentido. Son 14 relatos que prometen mucho. Yo prometo hablaros de ellos cuando termine el libro.

¿Leer nos hace débiles? busco la palabra  en el diccionario.

Adjetivo/nombre común
  1. 1.
    Que tiene poca fuerza o poca resistencia física.
    «la cuerda siempre se rompe por la parte más débil; asombra la capacidad de los pájaros para construir sus nidos incluso si la rama es débil; se puede comprobar que ahora no se manifiesta ninguna fuerza, o bien dicha fuerza es muy débil; acaba de pasar una neumonía y está muy débil; me parece deshonesto que siempre ataques al más débil»
  2. 2.
    Que tiene poca fuerza o poca resistencia anímica o moral para soportar o afrontar desgracias o situaciones difíciles.
    «es una persona débil de carácter; al parecer aquellos chicos tenían la moral quebradiza y el ánimo débil; cada vez se vuelve más débil, y tiene que aprender a aceptar las cosas duras, cuando son duras».
    Leer nos deja sin fuerzas. Leer nos debilita. Leer nos desgasta a nivel anímico.
    Y yo venga decir que leamos, y venga hablar de libros, y leyendo.
    Resulta que llega la primavera, que no es el mes más cruel para mí, y busco refugio, ante mi realidad, en la lectura. Otra vez. Sí, me siento débil al abrir el libro. Y no deseo cerrarlo nunca. No quiero volver a la realidad, a la mía no. Pero la evitación no es posible, ni siquiera una elección.
    Toda mi condición de madre se escapa como agua escurriéndose por una tubería que hace años debía haberse cambiado. Y me acuerdo de los textos de Laura Gutman, sobre todo de un libro: La maternidad y el encuentro con la propia sombra, donde viene a decir que los hijos y las madres están en un permanente estado de fusión emocional. Son dos seres en uno, en pocas palabras. Así lo resume: » Las respuestas residen en el interior de
    cada madre, aunque no sean evidentes. Hacia allí debemos
    dirigir nuestra búsqueda, en la medida en que las madres
    tengamos la genuina intención de encontrarnos con nosotras mismas y nos permitamos recibir ayuda». (pág. 23, edición Planeta).
    Yo les pido ayuda a los libros. Me apoyo en ellos para encontrar si no respuesta, al menos calma.

Acerca de Josefa Vergara Sánchez

Lectora ávida e incansable, más tranquila en este momento. Rodeada de libros en el trabajo y en la cabeza.
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